Me enfocaba en la escuela, donde tampoco la estaba pasando nada bien. Pero tenía buenos amigos y me ayudaron a sacudirme esos problemas, al menos por un rato.
A la salida, como ya era casi costumbre, caminamos hacia un gran jardín que tiene el IMSS de Zapopan, muy cerca de la escuela donde jugábamos fútbol, nos hacíamos tontos o qué sé yo, descansar. Hasta que cierto día, un amigo descubrió un árbol… todo común y corriente, según pensaba yo, y entonces vi el panal de abejas dentro de él.
Pues nada, que queriendo hacerme sentir el típico payasito del grupo, me atreví a picar el panal. Grave error. Las abejas empezaron a rodearme y yo solo pude sacudirme y correr. Fue gracioso, hasta cierto grado. Decidí batirme en retirada.
A mitad del camino a casa de Tía Norma, con la que vivía en esa época, recuerdo haber tenido una especie de alucinación: Miedo, incertidumbre, misterio… Y comencé a sentir el cuerpo muy caliente, y uno que otro aguijón que aún me quedaba en el brazo. Entonces perdí el piso y me senté en la acera. Muy mareado. Y me vi presa del sofocamiento. Me empecé a quedar dormido por la misma razón. Y entre sueños pude ver a una gran abeja gigante que me escupió miel caliente encima, lo que me derritió y, según yo, pensé que me había matado.
Abrí los ojos, una señora me voltea a ver y me preguntó que si estaba bien. Yo asentí, y me levanté, comenzando a caminar. Me compré un refresco y me sentí muy aliviado. Y grata sorpresa fue la que cuando llegué, mi madre ya estaba en casa, recién salida del Hospital.
Y tú, ¿recuerdas que hacía a los 12 años?
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